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1
Durante
milenios el hombre intentó dar una explicación acerca del
arte.
Hay miles de explicaciones. Unas acuerdan, otras se oponen,
contradicen o niegan.
Y así podemos abordar la cantidad de explicaciones que se nos
ocurra.
Seguimos aun queriendo dar una respuesta al interrogante sobre
el arte.
Pero muchísimos milenios antes que estos miles de años de
explicaciones hubo un hombre, uno, primero, que en ese día no
le importó qué comería ni con qué se abrigaría ante el frío
de la noche; porque tuvo una necesidad distinta. Entonces corrió
hacia el muro de la cueva y plasmó una imagen. Fue el comienzo
de todo.
Tal vez una puesta de Sol, la lluvia, el color de las hojas -por
lo que después diríamos Otoño-, la mirada de alguno de sus
cercanos; quizás un dolor o una alegría lo impulsó a saber
que había algo distinto. Pero necesario. Y esa necesidad fue la
distinción.
Una
distinción llena de todos.
Entonces Hölderlin diciendo: "Puesto que existimos como
lenguaje. Y podemos oírnos los unos a los otros".
¿Qué llevó a aquel hombre a modificar la pared de la cueva
imprimiendo en ella una imagen que aun hoy nos sigue asombrando,
colmándonos de emociones?
Porque después de milenios hablamos, discutimos, proponemos una
enorme cantidad de argumentos sobre si la obra es el trabajo que
el artista hizo o si es en verdad el producto de algo concebido
previamente.
Pero aquél; aquél primero ¿Qué? ¿Cómo? ¿Para qué? Pues
no había nada antes. No sucedía intelecto, ni memoria, ni
inconsciente colectivo, ni la posibilidad de hacer la obra a la
manera de, o interpretando a...
No. No era factible algún afano, o robo, o como quieran decir
ustedes, respecto de la imagen de otro.
No se hallaban críticos para sostener con argumentos de la razón
lo que en verdad se sustenta con sólo mirarlo, percibirlo,
y emocionarse; sólo se sostiene con la razón del sentimiento.
No había marchands que se ocupen de "mover"
la obra ni tampoco existía la posibilidad de revistas
especializadas en las cuales uno paga la nota y figura como un
tipo interesante dentro de la plástica nacional con epítetos
como: "novedoso", "audaz", "espontáneo",
como si esto hiciese a la obra de arte o mejor dicho al artista.
Si tomamos a Antón Bruckner el pobrecito ni siquiera tendría
acceso para escuchar uno de sus conciertos dado su total opuesto
a estos términos anteriormente entrecomillados.
Ni que hablar de Jacob Wassermann, con una timidez casi patológica,
su falta de sentido de la "realidad" diaria, su
despreocupación en cuanto a las cosas que le interesan a las
personas "prácticas".
Quiero decir con esto, que allá lejos y hace tiempo no existía
alguien que le dijese al cavernícola que su obra era
"estupenda", "graciosa",
"divertida" o cualquier estupidez con la que hoy en día
se cualifica a la obra de un artista.
Y que no necesariamente un artista tiene que ser novedoso, audaz
ni espontáneo.
Pregunto: ¿Qué cosa misteriosa hizo que Aquél Primero tuviese
la necesidad de grabar su imagen?.
Cuando Rodin creó El Pensador, alguien le observó lo forzado
de la postura, ese brazo derecho apoyado sobre la pierna
izquierda y el maestro respondió: -"¿Se imagina usted lo
que habrá sido el primer pensamiento del primer hombre?.¡Qué
momento! ¡Cuánto esfuerzo!".
Qué momento, que instante de eternidad cuando ese pensamiento
quedó impreso en la roca para los tiempos.
Un pensamiento libre. Porque aquél hombre nació libre; libre
en su espíritu.
Milenios después tuvimos que decir: "La liberación del
hombre debe comenzar por la liberación espiritual". Y Bretón
tuvo que aconsejar: " "El vertiginoso descenso al
interior del espíritu".
Quizá
San Agustín, nacido el trece de noviembre del año Trescientos
bajo el signo de Escorpio, pueda ayudarnos en algo; escuchemos:
"Pero Señor. ¿De qué modo hicisteis el Cielo y la
Tierra? ¿Cuál fue la máquina de que os servisteis para una
obra tan grande?. Porque Vos no hicisteis todo a modo de que el
artista hace sus obras, valiéndose de un cuerpo para formar
otro cuerpo, comunicándole aquélla figura que el alma
voluntariamente y por arbitrio suyo ha trazado en su interior y
mirándola con su vista intelectual, consigue en algún modo
trasladarla al exterior.
Pues aun esto. ¿Cómo lo podría hacer el alma si Vos no la
hubierais hecho a ella?. Fuera de que el alma no imprime aquella
forma que tiene imaginada, sino a un cuerpo exterior que ya
existía y que tenía
su ser substancialmente perfecto como v.gr. a la tierra, a la
piedra, al leño, al oro o a otra cualquier materia semejante.
¿Y acaso existirían estos cuerpos, si Vos no los hubierais
creado?. Vos, Señor, hicisteis aquel cuerpo de que consta el
Artista y el alma que manda y hace trabajar a los miembros de su
cuerpo y también la materia en que trabaja y hace alguna cosa;
Vos le disteis el ingenio con que aprendiese aquel arte, y
conque pudiese ver trazada en su interior la misma obra que él
hace y trabaja afuera; Vos le disteis los sentidos corporales
por cuyo medio pasa desde el alma a la materia no solamente la idea
de aquella obra que exteriormente trabaja, sino también vuelve
desde la obra a lo interior del alma la noticia de lo que
exteriormente ha trabajado y hecho, para que ella consulte a la
Verdad Interior que tiene adentro de sí misma y la preside y
gobierna, a ver si está bien o mal hecha aquella obra.
Todas estas cosas os alaban y reconocen como Autor y Creador de
todas ellas. Pero ¿Cómo las hicisteis?.¿De qué modo, Dios mío,
hicisteis el Cielo y la Tierra?.
Bien cierto es que no hicisteis el Cielo y la Tierra ni en el
Cielo ni en la Tierra, ni tampoco en el aire o en las aguas;
porque también estas cosas son una parte del Cielo y de la
Tierra. Ni el Mundo Universo hicisteis en el mismo Universo
Mundo; porque no había donde hacerle, antes de hacerle para que
lo hubiese.
Ni teníais
cogida en vuestra mano alguna cosa para formar de allí el Cielo
y la Tierra; porque ¿De dónde habría de haber venido aquella
materia que Vos no hubieseis creado, de la cual hicisteis alguna
cosa?. Ni ¿Qué cosa hay que tenga ser alguno que no sea
derivado de Vuestro Ser Verdadero?.
Conque Vos solamente dijisteis que fuesen hechas todas las
cosas; y con decirlo, todas fueron hechas". (PS 32,9.)
Qué
cosas dice este Agustín.
Mientras escucho en el recuerdo al Maestro Adolfo de Ferrari
diciéndome: "Con la razón no se pinta, con el alma sí".
Puedo
colegir entonces que la creación artística no es un
acontecimiento dado e inmutable. Es más bien un proceso, un
camino, una diaria mutación.
Y sucede lo mismo con el espectador.
Aquel grito de Munch es ahora nuestro grito, en nuestro tiempo,
en nuestra circunstancia.
Es un absoluto.
"El Grito". De Edward Munch.
La inmensidad del artista atraviesa los tiempos.
Por ello es que podemos conmocionarnos frente a esa obra
sideral, agobiarnos, sufrir ante ese eco constante y permanente
que concentra el dolor de la humanidad toda.
Porque no es el grito de un hombre, sino el de todos los
hombres.
Ahora bien: Cuando el cavernícola plasmó el bisonte, ¿qué
fue lo que sucedió?
Me hago esta pregunta casi a diario, tratando de recibir la
energía de una respuesta que me conecte con aquél hombre, que
me diga cual fue su maravilloso sentimiento ante la inmensidad
del asombro.
Quizá encuentre algo recorriendo las distintas historias de
algunos artistas que me preceden, que vivieron en los últimos
dos siglos, los artistas que de algún modo se
"metieron" en otras formas de cuevas, se metieron
dentro de sí, aislándose, para expresar sus sentimientos y
paradójicamente conectarse con el mundo.
Vlaminck en algún momento nos dice: "Ser artista no es una
profesión; Tampoco lo es ser anarquista, enamorado, soñador.
Ser artista es un caso de la naturaleza".
O escuchemos a Klee cuando dice que el artista debe
transformarse en una especie de "médium" en
comunicación con las entrañas de la naturaleza.
"Así como no podemos
rechazar los "fenómenos" más extraños de la
naturaleza, tampoco podemos rechazar los "fenómenos"
producidos por el artista: sería como sí rechazáramos la
propia naturaleza. ¿Qué artista no quisiera habitar allá
donde el órgano central del tiempo y del espacio -no importa
que se llame cerebro o corazón- determina todas las funciones.
En las entrañas de la naturaleza, en el fondo primitivo de la
creación, donde está guardada la clave secreta de todo?."
Que curioso. Siempre hay que estar aclarando estas vueltas al
alma, a la naturaleza, como si nadie comprendiera que con la
expresión artística ya se dice todo lo que hay para decir,
pues el arte es directamente un "hecho" de la
naturaleza. El Arte es la Causa Primera.
Me remito a los veinte o veintitrés mil años atrás y observen
bien que digo veinte o veintitrés mil, como si nada, en apenas
dos renglones. Doy tres mil años de diferencia y es todo lo que
va desde el inicio del cristianismo hasta fines del tercer
milenio para el cual faltan aun mil años más.
Pregunto: ¿Cuáles serán las obras y los autores que lleguen
hasta los tiempos por venir?.
Miremos en rededor y hagamos un esbozo nada más de juicio
valorativo y nos daremos cuenta que muchos de los que hoy se
llaman artistas no llegarán ni siquiera hasta el fin del siglo
que acaba de comenzar. Y cuántos, ni siquiera a la mitad del
mismo.
2
Algunos
dicen que Kawamura Tokitaro a quien nosotros conocemos como
Hokusai, nació en septiembre de mil setecientos sesenta.
Que viene a ser entonces, contemporáneo de Francisco Goya y
Lucientes, que nació en marzo de mil setecientos cuarenta y
seis.
Digamos, nacimientos de hace doscientos cincuenta años atrás.
Hokusai, en el barrio de Wariquesui, distrito de Honjo. Goya en
el pueblo de Fuendetodos, en Zaragoza; uno en Japón, el otro en
España.
¿Habrán sabido ellos de la existencia de cada uno?
¿Habrán tenido contactos entre sí o conocido sus obras?
No sé de escritos ni textos que me den una orientación
respecto de estos interrogantes pero sí he visto las obras de
cada uno y siento que un espíritu afín los recorría. Cual
puede ser la diferencia entre los monstruos de Hokusai con los
de Goya cuando se mete con los sueños de la razón.
Claro, la diferencia es la impronta digital de cada uno, la
identidad que convoca para poder gozarlos individualmente.
Aquí convendría un paréntesis para discurrir sobre ese dibujo
del alma que tenemos en la punta de los dedos, que no es un
atributo policíaco y que no se repite en seis mil millones de
personas que habitan el planeta.
Pero dejo esto para luego.
3
Cuando
uno intenta introducirse en el campo de las ideas y con deseos
de compartirlo se comunica con alguien, seguramente debe
preguntarse si lo que dice es a favor del encuentro, o bien
genera una confusión que lo complica todo. Correré el riesgo e
intentaré puntualizar para no quedar en enunciados, más allá
de que estos textos salgan de mí como a borbotones, sin
planificación previa de lo que quiero expresar.
Sé que es infinito el amontonamiento de ideas debido a la
cantidad de personas que disponemos de ellas, a veces tan
contradictorias. Es más, cuantas de estas contradicciones
albergamos cada uno de nosotros.
Espero y deseo hondamente que al finalizar la lectura de estos
escritos desde el arte, acordemos en una cantidad de capítulos,
para que se cumpla el hecho maravilloso del encuentro. Y si así
no fuere, bueno, estos son mis pensamientos, mis deseos, mis
ganas y me alegra sobremanera poder expresarlos.
Suelo tener reparos con el mundo filosófico
- matemático, con el mundo filosófico
- científico; en verdad creo y me muevo en el mundo filosófico
- poético, en el cual lo real no siempre es verdadero.
Considero que la razón nos aleja del encanto del sentimiento.
Pascal decía entonces que el corazón tiene razones que la razón
no tiene.
Hay una trama evidente del mundo y una trama secreta. Esta última
es la que gobierna el mundo de los sentimientos, el mundo del
arte.
Comienza así, la eterna disyuntiva: de que lado se está. La atmósfera
o el cielo, la luna conquistada o la luna de los poetas.
"Y se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los
imbéciles". Esto es de Aldo Pellegrini, de quien acerco
algunas palabras. Escuchemos en silencio."La
poesía tiene una puerta cerrada herméticamente para los imbéciles,
abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta
cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal, qué,
por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla;
mientras cede a la sola presencia de los inocentes (nada hay más
opuesto a la imbecilidad que la inocencia); la característica
del imbécil es una aspiración sistemática a cierto orden de
poder. El inocente en cambio, se niega a ejercer el poder,
porque los tiene a todos.
Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad:
el dinero
en primer término y toda la estructura del estado, desde el
poder de los gobernantes hasta el microscópico pero corrosivo y
siniestro poder de los burócratas; desde el poder de la iglesia
hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros
hasta el poder que dan las leyes.
Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.
Porque la poesía significa libertad, significa afirmación del
hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse en
plenitud".
A
esta imbecilidad de la que habla Aldo Pellegrini, la relaciono
directamente con la hipocresía, que suele causar tanto dolor y
desolación en los seres sensibles.
De qué lado se está.
Hoy, con los valores trastocados, para los jóvenes, la elección
es muy difícil pues los poderosos han bloqueado todos los
caminos con la bruma del espanto, han sembrado de muertos las
distancias y están siempre al acecho, impunes, plagados de
soberbia.
No es estar de uno u otro lado, ni en los dos al mismo tiempo.
Se está de un solo lado.
De este lado.
4
A
pesar de Amstrong, Glenn, Gagárin, los norteamericanos, los
rusos y de toda la parafernalia de la ciencia, me atrevo a
decir: la luna sigue saliendo desde el mar. Lila y yo la vimos
en San Bernardo, una indescriptible noche que pasamos en la
playa.
5
El
mundo del espíritu cae de manera inversamente proporcional al
obstinado "progreso" de la civilización. Pregunto: ¿Estaremos
en los comienzos del fin de esta civilización?
Cuando el hombre entra en estado desesperante para sobrevivir,
cuando la lucha por lo material parece no tener fin, cuando lo
efímero, lo trivial y las comodidades innecesarias ocupan un
lugar destacado mientras la tercera parte de la humanidad padece
hambre, quiere decir que se ha perdido el rumbo. Así como
crecen las tecnologías, la mecanización, la economía de los
poderosos, del mismo modo y con la misma intensidad, crece la
inseguridad y la inestabilidad a la que se ve sometido el ser
humano.
Los medios de comunicación globalizados, nos muestran a diario
las miserias espirituales de los gobernantes cuando vemos y oímos
que nos hablan de este presente maravilloso, de sus planes económicos,
de los proyectos hacia el futuro, mientras las cámaras de TV,
casi como una conspiración, nos muestran los dolores
indescriptibles que padecen poblaciones enteras que habitan este
bendito planeta.
Miles y miles de chicos que mueren a causa del hambre a cada
minuto, madres desesperadas que llevan los huesos cubiertos de
piel de sus hijos en brazos que apenas pueden sostenerlos
buscando una migaja cuando sabemos que ya es tarde.
Entonces Munch grita y gritará por los siglos de los siglos.
Porque el arte y la fe salvarán al hombre. Porque el arte es un
acto de fe, un acto de vida.
Porque el cavernícola fue artista antes de completarse como
hombre y ello sigue vigente.
Y Herbert Reed escribiendo: "Toda la fábrica de
inteligencia humana,
se halla amenazada en sus cimientos".
Y cuando vemos que el principio mercantil se apoderó de los
valores sensibles del hombre, las palabras de este pensador
poseen una presencia aterradora, dado que una máquina, un pasa
cassette tiene más valor que la vida de un chico. Cuántas
balas hay alojadas en la cabeza, en el cuerpo de tantos chicos
de la calle.
Vivimos en la intención de un mundo mecanizado; el hombre
cosificado que debe dar por perdido al hombre concreto, al
hombre completo, que es espíritu encarnado.
Y ese loco de Gauguin
diciéndonos: "¿De dónde venimos?, ¿Qué somos?, ¿Hacia
dónde vamos?.
Una vez más el artista que nos hace pensar y mirarnos dentro,
una vez más el artista ocupándose del hombre.
Este Gauguin
que ha sufrido como pocos, pasando hambre, enfermedades,
indiferencia. Más sabía lo que hacía. Claro, se refugió en
la isla porque los hombres de la ciudad lo acosaban con su
mediocridad, con sus estupideces, con su imbecilidad. Y en un
inmenso acto de burla, le escribe al Director del Mercure de
Francia una carta memorable que termina así: "Me
queda por decirle que Tahití es tan agradable como siempre, que
mi nueva esposa se llama Pahura, tiene catorce años y es muy
libertina; pero eso no tiene comparación con sus virtudes. Y
finalmente, sigo pintando cuadros de una grosería
repugnante".
Y la rueda del tiempo sigue, la trama existe como marca del
destino y el azar concertado nos ubica en el mismo espacio y en
el mismo instante. ¿Acaso Gauguin
no está aun entre nosotros? ¿Qué es lo que sucede cuando la
Energía de los Grandes atraviesa el tiempo?.
Un esclavo de Miguel Ángel es aquella vez, es hoy y será
siempre.
El arte es un absoluto.
No se lo discute.
Sólo se lo siente.
6
Picasso
es de los grandes.
Pero a mí me agrada mucho más Francis Bacon.
7
El
arte se relaciona directamente con las palabras del profeta:
"Hay que vencer la cólera con la dulzura; hay que vencer
al mal con el bien, la mentira con la verdad".
Insisto con aquello de que Bello y Bien son sinónimos.
De Rodin: " Para el artista digno de
ese nombre, en la naturaleza todo es bello; porque sus ojos, al
aceptar valientemente toda verdad exterior, lee en ella, como en
un libro abierto, toda la verdad interior.
Le basta mirar un rostro humano para descifrar un alma; ningún
rasgo lo engaña; para él, la hipocresía es tan transparente
como la sinceridad; la inclinación de una frente, el menor
fruncimiento de cejas, lo evasivo de una mirada, le revelan los
secretos de un corazón.
De la misma manera es el confidente de la naturaleza. Los árboles,
las plantas, le hablan como amigos. Los viejos robles nudosos le
dicen de su benevolencia para con los hombres, a los que
protegen con sus ramas desplegadas. Las flores conversan con él
por la curva graciosa de su tallo, por los cantarines matices de
sus pétalos; cada florecita que se encuentra entre la hierba,
es una palabra afectuosa que le dirige la naturaleza".
Y
Rodin, con su descomunal obra da testimonio de sus palabras.
En arte, solo existen artistas o plagiarios.
Y cuando me refiero a los artistas, lo hago consciente de que
estoy hablando de aquellos verdaderos que se ocupan del hombre.
Entonces alcanzamos a comprender el móvil del trabajo humano,
que es esclavitud cuando su finalidad es ciega, egoísta y es
alegría cuando se realiza en bien de la humanidad, en bien de
los otros, en bien de cada uno.
Y que sideral paradoja que hombres trágicos como Blake, Nerval,
Kierkegaard, Lautreamon, Rilke, Strimberg, Sabato, Dostoyevsky,
Poe, Henry Miller, Munch, Van Gogh, Kokoschka,
Modigliani y tantos otros que sufrieron lo indecible en sus
respectivas existencias, se hayan ocupado de los problemas del
alma, se hayan ocupado por la creación de otros valores
refundando lo ético. Si hasta duele pensar en esto.
La obra de un artista pone en juego un universo de
circunstancias, penetra lugares inexplorados del alma humana
donde habitan los más bellos sentimientos y los más terribles
engendros del terror y de la angustia poniendo en litigio la
capacidad que tiene el hombre para sobrellevar esto.
Pero hay una zona solitaria y sublime, donde se produce el
encuentro para salir airoso de esta lucha indescriptible y es la
capacidad para admirar. Porque no cualquiera puede. Sábato
dice: "Es que hasta para admirar se necesita
grandeza".
Y cuan pocos llegan a este estado. El resto está en una puja
desdichada por conseguir sus oropeles, por conquistar un éxito
efímero, con argumentos más efímeros aun. Luchan por tener
acceso a sus pequeñas conquistas.
Y lo que les molesta es justamente la gratuidad del arte, su
absoluta inutilidad. ¿Para qué sirve?. Claro, es tan gratuito
como el amor.
Para ellos, que quieren cosas "útiles", esto no tiene
sentido, salvo cuando le dan valor de mercancía, cotizable en
el mercado. Ya vemos lo que se consiguió con esto, con jurados,
críticos, coleccionistas, apostando a valores inventados
durante un período, haciendo famoso a tal o cual para luego
descartarlo y cambiarlo por un "nuevo valor" surgido
desde las tinieblas de lo insostenible.
Pero atención, jóvenes, pues hay un juez inexorable que no es
amigo, que no se puede comprar, que no está en venta, no entra
en componendas ni se regala al mejor postor.
Ese Juez, se llama Tiempo.
Más en este tiempito, todos corren apresurados tras el éxito
que los espera en algún rincón de la liviana existencia que
poseen.
Velocidad, velocidad desesperada, vertiginosa, para llegar
solamente a lo efímero.
8
Reconozco
como mis Maestros a: Antonio Pujia, Américo Balán, Naum Knop y
Antonio Devoto.
Ellos me mostraron, cada cual a su manera, dónde estaba mi
camino.
Cuando comencé a transitarlo, me acompañaron por un tiempo
hasta que llegó el momento de indagar, de aprehender, de saber
por mi cuenta, de hacer la experiencia y así, iniciar la tarea
para la cual fui elegido.
Uno de ellos me dijo: -"El pichón ha emplumado. Ahora
puede volar".
Si se me permite, de alguna manera estos Textos Desde el Arte,
están dedicados a ellos con todo el corazón.
Y los más bellos recuerdos.
Brindo entonces por ellos, con elixir de libélulas.
9
El
artista es un ser específico que de manera constante se muestra
tal cual es. Lo hace con sus obras y con sus actos.
De todos los modos posibles supera los escollos que suelen
atormentarlo, con la decida convicción de ser fiel a sus
principios, de ser fiel a sí mismo.
Si tenemos en cuenta el tiempo y la época de su nacimiento, y
los valores culturales que lo rodean, podemos coincidir en que
el artista lleva consigo una individualidad que no puede
atribuirsele a todos. A un artista no se lo puede comparar con
"el otro". Porque ese y esos otros están unidos por
las circunstancias culturales de su tiempo; me estoy refiriendo
a los valores establecidos por la sociedad en su conjunto.
Si Pascal decía -según Sábato- que el artista en el juego de
la vida apuesta dos veces, es cierto; pero la primera es la que
le toca en el reparto de los naipes; la segunda, es porque el
juego le resulta insostenible y él quiere cambiarlo todo.
El artista no crea otro mundo, sino que quiere crear un mundo en
el cual el hombre pueda vivir mejor.
Cuando Picasso
hace el Guernica, está diciendo todo lo contrario a lo que allí
sucedió cuando la masacre.
Y si volvemos atrás en el texto, cuando insisto en que bello y
bien son sinónimos, tal vez lo que quiero decir es que el
artista quiere un mundo mejor; no solo para él, sino para todos
los hombres.
El artista supera los inconvenientes que le propone el entorno
con el que vive, porque posee una fuerza interna muy intensa,
que le permite sobrellevar dolores inenarrables para poder decir
eso que tiene que decir.
Con leer las biografías de Van Gogh, Gauguin,
Pissarro, Fernando Fader, por citar solo algunos de los miles
que son, me libero de mayores explicaciones y detalles.
10
Disciplina
y rigor en la tarea.
Indagar de todas las maneras posibles en el mundo que nos rodea,
pero a través del alma.
No es de otro modo.
Dijimos, o dije, si quieren, que el alma sale a vagar en
rededor, va y viene de modo constante y observa qué es lo que
está aconteciendo allá afuera. A veces se detiene en un lugar
y nos obliga a poner toda la atención necesaria para que
retengamos tal o cual instante. Con frecuencia nos impulsa a
regresar a determinado sitio aun después de haber pasado mucho
tiempo. Por momentos, lo que vemos, nos parece sin sentido. A no
preocuparse. Ella se encargará luego de ordenar las cosas,
pondrá todo en su lugar y así, empujando, empujando, saldrá
la obra que tenemos para hacer.
Convengamos, nuevamente, en que expresión, es presión hacia
fuera.
Cuando digo disciplina y rigor en la tarea, me refiero al
Universo del Taller, ese lugar sagrado en el que suceden los más
bellos y profundos acontecimientos.
Estar. Estar allí esperando el dictado del alma, que pondrá en
funcionamiento toda la energía que hace falta para que se
cumpla la magia de la obra. Eso nuevo que aparecerá en el
planeta para ser parte del todo que ya hay.
Pero cuidado con forzar el impulso imponiéndole la voluntad,
porque de ese modo se rompe la magia.
Y el arte, ante todo, magia.
El arte no es cosa mental. Es cosa del corazón.
Lo que tiene que crecer es el corazón, no el cerebro.
Y como se ha hecho crecer el cerebro de manera desmesurada, así
es como nos va.
La gran confusión ha sido confundir a la razón con la
inteligencia.
¿Cómo nació la flor?
Cuando el poeta se hace esa pregunta no la hace como un botánico,
un jardinero o un horticultor. En todo caso, le pregunta qué
siente cuando amanece y comienza el día, como son de suaves sus
pétalos, o como es el revés de una gota de rocío.
Que razón pudieron tener Shakespeare, Dante, Homero, Borges,
para hacer lo que hicieron.
Qué razón pudieron tener Beethoven, Bach, Mozart, Verdi o
Piazzola para hacer lo que hicieron.
Que razón pudieron tener Miguel Angel, Rembrandt, Rodin,
Donatello, Fernando Fader, para hacer lo que hicieron.
"El árbol no busca sus frutos. Los produce".
11
Una
obra de arte es una entidad.
Tiene vida propia, tiene su universo y el cómo y el porque fue
hecha, es algo que no la modifica.
Esa identidad tiene sus pares en las distintas disciplinas que
conforman el mundo del arte, cada una, con la impronta digital
que le corresponde.
A su vez, esta entidad, está inmersa en la circunstancia del
hombre, es una presencia que habita el planeta.
Más si alguien se detiene a observar una obra de arte, el cómo
y el porque se para ante ella, es algo que tampoco la modifica.
Pero qué sucede cuando alguien se para frente a una obra para
observarla, abiertos los sentidos: ese alguien ya no será el
mismo.
Aparece aquí un interrogante debido al carácter
esencialmente subjetivo de la obra artística y a la
correspondiente subjetividad en el juicio valorativo de quien la
observe.
Quizás por eso Picasso dijo que una obra de arte es tantas
obras como gente la mire.
Quiere decir esto, que esa entidad, esa cosa que tiene su propio
universo, funciona como disparador de las necesidades sensibles
de quien se detiene ante ella y debido justamente a que ese
encuentro se da en el plano de lo subjetivo, es que cada uno ve
allí lo que solamente ese uno puede ver y sentir.
12
Lo
bello está fuera de lo estético.
Sucede que hace mucho tiempo vinieron los racionalistas a
decirnos donde estaba la belleza. Llegaron con el bisturí del
análisis y comenzaron a desmenuzar, observando y haciendo
observar que tal masa, que tal plano, que el ritmo, la línea y
todo lo que hace a la composición de una obra estaba bien o mal
hecho.
Dijeron: he aquí lo bello.
Mentiras.
Un Esclavo de Miguel Ángel no es bello por lo que estos tipos
dijeron.
Es bello porque está cargado de una Energía Superior,
misteriosa, que se produce en el instante en que Miguel Ángel
inicia el recorrido de las formas para determinar el volumen de
ese esclavo. Por algo dijo que lo que él hacía estaba dentro
de la piedra y que solo tenía
que quitar lo que estaba de más. El sabía de qué se trataba.
Pero es bello también porque se ocupa del hombre, en este caso
del hombre que sufre. Porque a él le dolía el sufrimiento o
porque quizá se sentía esclavo en su propio sufrir o atado a
sus propias circunstancias. El caso que fuere da lo mismo, no
modifica en absoluto el resultado: la descomunal belleza del
esclavo.
Digo entonces que lo bello está en lo ético.
Porque la fealdad también tiene sus manifestaciones. Fea es la
tortura, fea es la guerra, la injusticia, la corrupción de los
gobernantes, la impunidad, el hambre, la esclavitud, la
desocupación y cuantas cosas más.
¿Qué es el acto de un policía deteniendo a un joven por su
vestimenta o por los tatuajes que libremente se hizo en el
cuerpo?
O cuando paran por las calles pidiéndole documentos a personas
de tez morena porque para estos señores el color de la piel de
estas gentes les da inmediatamente categoría de
"sospechosos"
Y entonces le dice Pizarro en una carta a su hijo Lucien: "¿Quién
les da la libertad, para cercenar la libertad de los
otros?"
Reitero: Lo bello está en lo ético.
Lo que el artista hace, es contar lo que ve, lo que acontece en
el mundo, pues es un testigo.
En este tiempo, en este horror globalizado, el artista más que
nunca debe contar eso que ve. El artista no escamotea, no
oculta. Dice la verdad.
Es testigo de su tiempo y a veces del tiempo por venir.
Va a la esencia, a lo verdadero.
La belleza en lo estético es artificio.
La Naturaleza tiene otros valores y la Energía Universal otros
modos de expresión.
Por ello solo el hombre puede ser ético.
Escuchen Los Cuartetos Medios de Beethoven o Las Cuatro Piezas
Sacras de Verdi y se darán cuenta de qué estoy hablando.
Acerca
de Fernando García Curten
Escribir
sobre F.G.C. se me hace algo difícil pues la intensidad y la
inmensidad de su obra generan en mí un dejo de pudor que me
llevan a pensar si será posible que con mi texto pueda estar a
la altura de la descomunal belleza de su obra, para poder
contarle a ustedes de quien se trata.
Haré el intento, correré el riesgo.
Pero siempre me quedará aunque no pueda elevarme en vuelo, la
certeza de lo que interiormente acontece en mi alma cuando veo y
recuerdo la obra de este hombre grande que me fue dado en gracia
conocer.
Fue así. Tuve que ir a la ciudad de San Pedro por una invitación
que me hicieron para presentar bocetos con la idea de hacer un
monumento a la amistad, que se instalaría justamente, en el
Parque de la Amistad. Nos reunimos con políticos, con el
Intendente, para iniciar y dar forma al proyecto que finalizaría
con la inauguración del monumento.
Hablamos, nos reunimos, hablamos, nos reunimos, hablamos,
hablamos y como generalmente suele suceder con los políticos
por esa cosa que llaman "la interna", nada de esto se
cumplió. Los bocetos fueron a parar a cualquier lado.
Pero tiempo después sabría que mi viaje a San Pedro tenía
otro significado; que fui a esa ciudad para encontrarme con García
Curten.
Una de las personas que frecuentaba las reuniones con los políticos,
me dijo una tarde que allí había un escultor. Pensé que se
refería a uno de los presentes y riendo, me dijo "no, en
San Pedro tenemos un escultor".
Yo había viajado con Carlos Ferrari y Roberto Lo Tártaro, que
participaban del proyecto; Lo Tártaro como Arquitecto, pues la
cosa era de grandes dimensiones y él se haría cargo de
parquizar el asunto. Comento esto, pues cuando el Sampedrano nos
invitó a visitar el taller del artista de San Pedro, por lo
bajo le dije a uno de mis amigos": vamos a ver los
gauchitos del escultor".
Allá fuimos y como este no estaba, tuvimos que mirar por una de
las ventanas del taller. Cuando lo hice, caí hacia atrás, como
fulminado por una energía poderosísima. Mis amigos me
sostuvieron y el Sampedrano me preguntó qué sucedía y creo
que dije algo como...-¡pero este tipo es un genio!.
Lo primero que vi fue El Cristo, que después supe que se titula
"Cristo Para Armar". Y fui recorriendo como pude esas
imágenes dolorosas, desgarradas, tremendamente fuertes que allí
estaban expuestas mientras por mis mejillas caían lágrimas de
emoción y culpa al mismo tiempo. Había recibido el sopapo
mayor del universo aplicado a mi soberbia. Desde ese instante
todo sería distinto. La amistad con Fernando quedó sellada en
el primer abrazo que nos dimos cuando fuimos presentados al otro
día.
Quiero transcribir ahora un texto de Abelardo Castillo que salió
editado en Cuadernos Hispanoamericanos en el número 450.
Abelardo dice esto: "El
arte de la antigüedad clásica ignoraba la muerte. Ni siquiera
el arte funerario la conocía. Las necrópolis, ciudades de la
muerte; sus mausoleos, el carnero solar o la pirámide,
plantados como un desafío en la arena transitoria, junto al
agua transitoria; esas piedras creen en la eternidad. No hay más
que pensar en sus basamentos, en sus volúmenes de otro mundo,
en sus criptas pintadas para ser vistas solo desde adentro. Lo
mortal era la carne del hombre, no su espíritu ni la materia
con que daba forma a las obras de su espíritu. Aun la catedral
gótica, construida a lo largo de generaciones enteras, niega, a
lo ancho y a lo alto, la aniquilación y el olvido. Por una
paradoja que solo en apariencia es una paradoja, el arte toma
conciencia de su muerte en el Renacimiento.
Leonardo descreía de la duración de la pintura. El arte de
nuestros días sabe que es efímero. Si Dios ha muerto como cantó
Zaratustra, todo está corrompido y trabajado por la muerte. El
único tiempo de las obras del hombre es ahora. Ya se pinta
sobre cartón, sobre paredes que se desplomarán mañana. Hilo,
lata desperdicios, chatarra: muchos de los mayores artistas
contemporáneos formulan sus sueños con estos materiales. Ya se
sabe, hasta una catedral puede estar construida con basura. En
este estado de cosas, parece no haber más que tres caminos: la
desesperación, la frivolidad o la agonía.
En
la orgullosa soledad de un pueblo de Buenos Aires, un pintor, un
escultor todavía joven descubrió por sí mismo estas verdades
y eligió el tercer camino. El arte de Fernando García Curten
es un arte agónico. Demasiado talentoso para la frivolidad,
demasiado rebelde para la desesperación, García Curten encontró
en sí mismo una forma de arte y probó una etimología.
Agonizar, ya lo sabían los griegos, es lo mismo que luchar. En
esta raíz semántica en esa contradicción, yo he visto el
secreto de estos cuadros y estas esculturas. Ya se trate de un
humanoide que sostiene el marco de su propio estrago, un
ciclista calcinado que parece venir de Hiroshima, de un
abstracto sediento comido por su propia sed, estos fantasmas de
alambre y madera y clavos se instalan en la realidad como una
negación. Vistos de golpe, no se puede saber de qué están
hechos: lo que parece lava volcánica puede ser cartón o madera
hachadas; lo que parece corteza de palmera puede ser metal. Si
Fernando García Curten hubiera nacido en Londres o en París,
si aunque más no fuese viviera en Buenos Aires, alguien podría
ver en su obra lo que vio Sartre en la de Giacometti: una visión
metafísica del mundo. Giacometti desordenaba el espacio
poniendo una lejana cabecita liliputiense en un torso de watusi;
García Curten ha puesto una calavera de gato en el esqueleto de
un pescado; y el pescado se volvió pez, cobró vida de
barracuda, salió de la muerte y desde el corazón mismo de la
fealdad está luchando por la vida y por la belleza. Los que
aman los antecedentes, las genealogías, las filiaciones, notarán
lo evidente: Fernando no es el único escultor que descubrió la
nobleza de la basura, la utilidad estética del deshecho, la
morfología de la chatarra, la divina proporción de lo informe.
Lo que a mí me asombra es la originalidad de este solitario.
Originalidad a lo Kierkegaard, quien supo que la originalidad
nace del centro de la angustia. Originalidad qué, básicamente,
consiste en volver a intentar lo que han intentado todos los
artistas verdaderos de cualquier época: refutar la evidencia de
la muerte. Con bronce, con palabras, con sonidos o con
desperdicios: da lo mismo. Probablemente Fernando García Curten
haya elegido el único camino posible en nuestro tiempo: robarle
a la muerte sus propios materiales, luchar por la vida con la
forma y la materia de sus despojos. Dos fábulas lo avalan: la
del Fénix nacido de sus cenizas y la de la greda vil de Adán".
Este
texto de Abelardo Castillo lleva como título "El Arte Agónico
de Fernando García Curten". Lo elegí porque me parece
bello, intenso y profundo.
Y a manera de homenaje de estos dos artistas, quizás, los más
intensos del mundo actual (como diría Liliana Heker en la
presentación del catálogo de una de mis exposiciones)
Pero debo aclarar aquí, que por cuestiones muy terrenas o por
no saber en verdad debido a qué, Fernando y yo, después de
intensísima amistad, nos hemos distanciado.
13
Castillo
pone el énfasis en la originalidad de ese artista de San Pedro;
voy a transcribir entonces un fragmento del capítulo segundo de
"Plexus", cuyo autor, Henry Miller, es uno de los
mayores santos de mi devoción literaria y quizás nos ayude a
ver un poco más acerca de este tema tan complejo que es la
originalidad y al que muchísimos pensadores trataron de todas
las maneras posibles.
Dice Miller:
"¿He
citado las cartas de Van Gogh
que entonces estaba leyendo y que recientemente he releído tras
un lapso de veinte años? Lo que me apasionaba era el ardiente
deseo de Vincent de vivir la vida de un artista, de no ser sino
un artista, pasara lo que pasase. Con hombres de su clase el
arte se convierte en una religión. Cristo, muerto desde hace
mucho para la iglesia, renace. El apasionado Vincent redime al
mundo mediante el milagroso uso del color. El soñador
despreciado y desamparado vuelve a representar el drama de la
crucifixión. Se alza de su tumba para triunfar sobre los incrédulos.
Una
y otra vez Van Gogh dice que
no desea otra cosa que llevar una vida sencilla. Solo es
extravagante en el uso de los materiales. Todo pasa por su arte.
Es un sacrificio tan absoluto que en comparación, las vidas de
la mayoría de los pintores parecen apagadas y sin valor. Van
Gogh sabe que nunca lo reconocerán
en vida; sabe que nunca recogerá el fruto de su trabajo. Pero,
¡tal vez su renuncia facilite las cosas a los artistas del
futuro! Ese es su deseo más profundo. De mil formas diferentes
dice: <Para mí no espero nada. Nosotros estamos condenados.
Nosotros vivimos fuera de este tiempo.>
¡Cómo suda y se esfuerza para reunir cincuenta cuadros que su
hermano ha de exhibir ante un mundo desdeñoso y despreciativo!
Los últimos años de su vida es un auténtico loco. Pero un
loco en el sentido propio de la palabra. Todo llama y espíritu,
rebosa de energía creativa. Es la taza que desborda. Y está
solo.
En Arlès resulta difícil conseguir mujeres para posar. La
gente dice que sus pinturas son atroces.<¡Están llenas de
pintura!> Me río y lloro al leer esto. ¡Llenas de pintura!
¡Qué terrible verdad!¡Qué ironía que la maravillosa
consecución de ese prodigio (la saturación de la tela con
color, con puro color tumultuoso), que ese sueño de todos los
grandes pintores (por fin realizado) se usara contra é! ¡Pobre
Van Gogh! ¡Rico Van Gogh! ¡Van Gogh Todopoderoso!
¡Qué burla cruel y blasfema! como si dijeran de un hombre de
Dios.<Pero,¡está demasiado repleto de Dios!>.
Me gustaría pintar de tal modo, dice Van Gogh, que todo aquel
que tenga ojos vea claramente lo que hay en el cuadro. Así
hablaba y vivía Jesús. Pero los ciegos y los sordos no nos
abandonan nunca. Sólo ven, sólo oyen, sólo actúan quienes
están henchidos del precioso espíritu santo.
Sabemos
que durante mucho tiempo Van Gogh se abstuvo de usar el color,
que se forzó a sí mismo a trabajar con lápiz, carbón, tinta.
También sabemos que empezó estudiando la figura humana, que
intentó aprender de la Naturaleza. Sí, se ejercitaba para leer
lo que estaba oculto bajo la concha. Se asoció con los pobres y
los humildes, con obreros reprimidos, con parias. Adoraba al
campesino y lo ensalzaba más que al hombre culto. Estudiaba la
forma de las cosas, el tacto de los objetos. Se familiarizó con
todo lo común y cotidiano para poder más adelante, cuando
hubiera adquirido la destreza y la técnica necesarias,
representar ese mundo de lo ordinario, de lo vulgar, de lo
cotidiano a la luz de una realidad divina. Lo que Van Gogh
deseaba era volver familiar en sentido nuevo -en sentido eterno,
por decirlo así- ese mundo más que familiar. Quería mostrar
que no estaba revestido de mal ni de fealdad, que nunca era monótono
y aburrido, que basta mirarlo con ojos amorosos para reconocer
su esplendor y magnificencia. Y, cuando hubo realizado eso,
cuando nos hubo dado una nueva tierra, descubrió que ya no podía
hacer frente al mundo: buscó voluntariamente un refugio, un
manicomio.
Fueron necesarios casi cincuenta años para que el hombre de la
calle comprendiera que un Cristo, que se había manifestado como
pintor, había estado entre nosotros últimamente. De repente,
gracias a la inmensa popularidad de un libro sensacional, miles
y miles de personas se ponen a visitar los museos y las galerías;
convergen como un Niágara ante las embriagadoras obras maestras
de ese genio despreciado y desesperado, Vincent Van Gogh.
Reproducciones de su obra se ven por todas partes; surgen en los
lugares más inesperados. Por fin consigue el éxito Van Gogh.
Por fin <el gran fracasado> se ve reconocido. Su fe estaba
justificada al parecer. Su sacrificio no fue en vano. Pues no sólo
llega a las masas, sino que también -lo que es más importante-
influye en los pintores.
En una de sus cartas -¡ya en 1888!- escribe:<La pintura da
muestras de volverse más sutil -más musical y menos escultórica-
en fin elle promet la couleur> Subraya la palabra color. ¡Qué
profética su visión!¿Qué es la pintura moderna sino un himno
al color? El uso libre y audaz del color, equivalente a una
revelación, precipitó una liberación inopinada. Siglos de
pintura quedaron aniquilados de la noche a la mañana. Se
abrieron perspectivas increíbles.
En
esas cartas maravillosas en que Van Gogh relata sus
descubrimientos sobre las leyes del color (la mayoría de las
cuales formuló Delacroix), trata con cierto detenimiento del
uso del blanco y del negro. No hay que abstenerse de usar el
negro. Hay muchas clases de negro. ¿Acaso no usaron el negro
Rembrandt y Franz Hals?, pregunta.¿Y también Velázquez?. No
simplemente el negro, sino veintisiete clases diferentes de
negro. Todo depende de la clase de negro y de cómo se lo usa.
Lo mismo ocurre con el blanco. (Utrillo no iba a tardar en
confirmar las apreciaciones de Vana Gogh. ¿Es que no sigue
siendo su época blanca la mejor?).
Hablo del blanco y del negro porque era inevitable que aquel
revolucionario en el mundo del color se ocupara de las primeras
y de las últimas cosas. En eso nos recuerda a esos auténticos
hijos de Dios que no temen al mal ni la fealdad, sino que los
abarcan e incorporan a su mundo de bondad y belleza.
Cuando
el siglo XIX se derrumbó en el campo de Armageddón, las últimas
barreras quedaron hechas pedazos. Los artistas demoníacos que
sobresalieron en ese siglo contribuyeron a la destrucción del
pasado tanto como los estadistas y militares, los financieros y
los industriales, los revolucionarios y los propagandistas que
prepararon el terreno para la derrota. La guerra de 1914 pareció
el final de algo; sin embargo, sólo fue la culminación de algo
que hacía tiempo que se preparaba. En realidad, abrió vastos
horizontes nuevos. Mediante su obra de demolición dio salida a
nuevos y vastos campos de energía. El período que va de la
Primera a la Segunda Guerra Mundial es rico en producciones artísticas.
En ese período, en el que el mundo estaba a punto de verse
conmovido hasta los cimientos por segunda vez, era en el que yo
estaba formándome. Fue un período difícil en primer lugar
porque había que encontrar la forma exclusiva con las propias
fuerzas, con las propias facultades. La sociedad, desgarrada por
toda clase de disensiones, ofrecía al artista todavía menos
apoyo y aliento que en la época de Van Gogh. La propia
existencia del artista estaba amenazada. Pero,¿Es que no estaba
amenazada la existencia de todo el mundo?
Al
salir de la Segunda Guerra Mundial, existe la vaga sensación de
que la propia tierra está amenazada de extinción. Hemos
entrado en otra era apocalíptica. El espíritu del hombre está
convulsionado como la propia tierra en períodos geológicos
antiguos. La muerte es lo que nos estamos sacudiendo de encima:
la rigidez de la muerte. Deploramos el espíritu de violencia
prevaleciente, pero para romper las ataduras de la muerte hay
que impulsar el espíritu del hombre. Las posibilidades más
deslumbrantes nos envuelven. Estamos imbuidos e investidos con
facultades y energías insospechadas hasta ahora. Estamos a
punto de vivir de nuevo como seres humanos, con la plena
grandeza que la palabra humano entraña. La heroica obra de
nuestros predecesores parece ahora el trabajo de víctimas de
sacrificios. No es necesario que nosotros repitamos sus
sacrificios. Lo que debemos hacer es gozar de los frutos. El
pasado yace en ruinas, el futuro se abre incitante.¡Tomad este
mundo cotidiano y abrazadlo! Eso es lo que el espíritu insta a
hacer. ¿Qué mejor mundo puede existir que este en que tenemos
plena responsabilidad, todos y cada uno de nosotros?¡No trabajéis
para los hombres del futuro!¡Dejad de trabajar completamente y
cread! Pues la creación es juego, y el juego es divino.
Ese
es el mensaje que recibo siempre que leo la vida de Van Gogh. Su
desesperación final, que acabó en la locura y el suicidio,
podría interpretarse como impaciencia divina. <El Reino de
Dios está aquí>, exclamaba. <¿Por qué no entráis?>.
Derramamos lágrimas de cocodrilo por su lamentable fin,
olvidando el estallido de esplendor que lo precedió.¿Acaso
lloramos cuando el sol se hunde en el océano? La plena
magnificencia del sol se nos revela sólo en los pocos instantes
que preceden y siguen a su desaparición. Volverá a aparecer al
amanecer, otra magnificencia, otro sol tal vez. Durante todo el
día nos alimenta y sostiene, pero apenas le prestamos atención.
Sabemos que está ahí, contamos con él, pero no le ofrecemos
acción de gracias ni devoción. Los grandes luminares, como
Nietzche, como Rimbaud, como Van Gogh, son soles humanos que
sufren la misma suerte que el astro celestial. Hasta que no están
ocultándose, o no se han ocultado del todo, no nos damos cuenta
de su gloria. Al lamentar su tránsito, cegamos nuestros ojos
para que no vean la existencia de otros soles nuevos. Miramos
hacia atrás y hacia delante, pero nuestra mirada nunca penetra
directa al corazón de la realidad. Si en ocasiones adoramos al
cuerpo solar que nos da calor y luz, no pensamos en los soles
que han estado brillando desde la eternidad. Aceptamos
irreflexivamente que todo el espacio está tachonado de soles.
En verdad, el universo nada en luz. Todo está vivo e iluminado.
También el hombre es receptáculo de energía radiante e
inagotable. Es extraño que sólo en la mente del hombre haya
oscuridad y parálisis.
Un
pequeño exceso de luz, de energía (aquí en la tierra) y dejas
de ser apto para vivir en la sociedad humana. La recompensa del
visionario es el manicomio o la cruz. Parece como si nuestro hábitat
natural fuera un mundo gris y neutral. Así ha sido durante
mucho tiempo. Pero ese mundo, ese estado de cosas está acabándose.
Nos guste o no, con anteojeras o sin ellas, nos encontramos en
el umbral de un mundo nuevo. Nos vamos a ver obligados a
entender y aceptar... porque los grandes luminares que apartamos
de entre nosotros han trastornado nuestra visión. Vamos a ser
testigos de esplendores y horrores, alternativa y simultáneamente.
Vamos a ver con mil ojos, como la diosa Indra. Las estrellas
avanzan hacia nosotros, hasta las más distantes.
Con nuestros instrumentos percibimos ahora mundos cuya
existencia no sospechaba ni por asomo el hombre antiguo. Podemos
localizar reinos de mundos que superan nuestro saber actual,
porque nuestras mentes ya son receptivas a la luz que emana de
ellos. Al mismo tiempo también podemos concebir nuestra propia
destrucción total. Pero, ¿acaso nos quedamos por ello clavados
en el sitio? No. Nuestra fe es mayor de lo que nos atrevemos a
admitir. Sentimos la magnificencia de esa vida eterna que es la
del hombre y que siempre hemos negado. A pesar de nuestro
orgullo y nuestra vanidad, nos comportamos como si no supiéramos
nada de nuestra herencia auténtica. Insistimos en que solo
somos humanos, demasiado humanos.
Pero,
si fuéramos verdaderamente humanos, seríamos capaces de todas
las cosas, estaríamos listos para todas las emergencias,
conoceríamos todas las condiciones del ser. Deberíamos
recordarnos diariamente, repetir como una letanía, que en
nuestro ser se encuentra encerrada toda la gama de la
existencia. Deberíamos dejar de adorar e inspirar adoración.
Ante todo, deberíamos dejar de aplazar el acto de llegar a ser
lo que de hecho y en esencia somos.
<Prefiero>,
escribió Van Gogh, <pintar los ojos de los hombres a pintar
catedrales, porque hay algo en los ojos de los hombres que no
existe en las catedrales, por majestuosas e imponentes que éstas
sean...>"
Debo
confesar que al acabar de transcribir el texto maravilloso de
Henry Miller, sentí que por mis mejillas caían lágrimas de
emoción, en el justo instante en que por la Radio Clásica
estaban irradiando El Réquiem Alemán de Johannes Brahms.
El texto pertenece a "Plexus" (La Crucifixión Rosada
II) y fue editado por Alfaguara con traducción de Carlos
Manzano. A quienes les agradezco por haber publicado semejante
texto.
Castillo
termina hablando de la originalidad del artista.
Menudo tema el de los orígenes.
Porque en verdad ¿Qué es ser original? O ¿Cuándo se es
original?
Nuevamente tenemos que volver al antepasado de las rocas, porque
ese sí era original puro.
Todo lo otro, vino después.
14
Cuando
graba en la piedra semejantes maravillas, cuando cuenta las
historias que deja para los tiempos, el tipo no tenía el
conocimiento racional del cual disponemos hoy, tampoco las
posibilidades intelectuales ni podríamos decir que era un tipo
culto, lector, que escuchaba la buena música o que tenía el
bagaje de milenios en el mundo del arte que hoy cargamos.
Pero después de él, cómo se pudo seguir siendo original, si
es que esto significa algo importante para el tema que nos une o
nos pone en contacto para el encuentro. Porque el mismo Castillo
en los primeros capítulos de su novela "Crónica de un
Iniciado" cuenta que el personaje, hablando con Graciela le
dice: <Es que la originalidad se la dejo para los que no
tienen otra cosa>. Y yo subrayé esto pues me pareció buenísimo
como argumento para cuando disiento y discuto con aquellos que
quieren ser originales a toda costa, originales desde la razón,
como si dijeran: "Ahora voy a ser original" y creen
que con decirlo, tarea cumplida.
No. Porque la originalidad no nace de la razón; nace desde
adentro, desde aquello tan profundo y lejano que tenemos dentro.
15
En
el capítulo cinco menciono a Goya y a Hokusai, pero podría
nombrar a los grandes que fueron contemporáneos entre sí, como
Miguel Ángel y Leonardo, Kafka y Thomas Mann, Verdi o Wagner, Picasso
- Bacon, Lacamera - Diomede, Spilimbergo y Berni, para decir que
ese dibujo que tenemos en los dedos y llamamos impresión
digital, no es un asunto policíaco, sino todo lo contrario; es
el dibujo del alma que nos recuerda de manera permanente que
somos distintos, únicos e irrepetibles, por lo tanto,
originales.
Cierta vez a un pintor que conozco, su maestro le dijo:
"usted es original y único. Pinte como tal."
Esto, más allá y más acá de las clonaciones que se les
ocurra. Es más, cuando hagan el primer clon (si no está hecho
ya), buen chasco se llevarán. Pero este es otro asunto que dejo
para más adelante, pues ahora estamos con la originalidad en el
arte.
La cosa es si me estoy refiriendo a las formas, cuando hablamos
de originalidad, o puedo meterme en verdad, directamente, con
toda la obra; pero no voy a dejar pasar la oportunidad para
reiterar aquello de contenido y forma, del todo que es ese
objeto instalado en el planeta tan pronto como el artista le dio
vida.
Porque de eso se trata.
16
Si
uno va al Museo de Xul Solar, se encuentra allí con útiles y
objetos personales del Maestro. Algunos muy bellos, hechos por
verdaderos artesanos. Pero eso que vemos, nada tiene que ver con
la obra del artista.
Seguramente los muebles de Balzac o de Beethoven, están
expuestos para que el público los vea, pero tampoco tienen que
ver con sus respectivas obras. Quiero decir con esto que la
diferencia entre un bello objeto, hecho por el mejor artesano y
una obra hecha por un artista, es que éste, al concebirla, la
cargó de significado, la concibió como metáfora. Se hizo símbolo.
Es por ello que la obra de arte es atemporal y eterna
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