El otro
Este
que ves entrar con mi misma estatura
y
apoyarse por un instante en la mesa
donde
tantas veces te hizo reír.
Este
que busca, como siempre,
sus
papeles sin encontrarlos
y
hará a la vez tres o cuatro cosas
mientras
conversa con los ángeles.
Este,
que llamarás por mis nombres
y
mis apelativos, tal vez no sea yo.
Seguramente
no
advertirás
el
silencio hilvanando las palabras,
la
nada agazapada detrás de los anteojos,
el
caminar sin huesos
sin aire
sin preguntas,
la
aliteración ronca,
la
piel que ya no sueña.
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Barrilete
de cartón
A
pesar de la lluvia,
del
papel color que me olvidé de comprar,
del
viento que no presta sus alas
entre
cuatro paredes,
mi
hijo está remontando
su
barrilete de cartón.
Le
puso unas figuras naranjas y celestes
y
él acompaña sus vaivenes
como
un cuzquito fiel y resignado,
entre
sillas y libros apilados.
Y yo
quise
decirle que no se puede,
que
cuando salga el sol,
que
algo puede romperse,
pero él
me
sonríe,
me
cuenta con sus ojos
que vuela
porque
el pilín está anudado al cielo.
Y
yo pienso que apenas es un niño,
y
el pensará que apenas soy un hombre.
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La
Tierra
Y
la tierra es así:
uno
quiere olvidarla,
se estira,
intenta
la
aventura del aire.
Pero
el aire se parece demasiado
a los sueños
y
uno aterriza
en cuatro patas
de rodillas,
de pie,
la
columna estremecida.
Al
rato
sacude la cabeza,
se palpa
los dolores y los años,
busca
un piso más firme
para
el próximo esguince.
Los pájaros nos miran,
nos
sonríe su corazón azul
que
sólo caerá una vez.
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Los
días
Detrás
de la esperanza,
los miedos,
el cansancio
están
los días,
el
fulgor inquietante
de
sus líneas en blanco,
su
implacable inocencia.
Los
hombres pergeñaron el olvido
y es tan duro
que
inventamos sentido al sufrimiento,
soñamos
que los hijos se nos parecen,
marchamos
a la muerte,
solemnes,
rasurados.
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Cita
Tengo
una cita con la esperanza.
Tal
vez ella se perfume
y
se vista para mí.
pero
yo me extravío,
me
arrebujo en algún callejón
perplejo
de palabras.
Y
ella deambulará,
Penélope
desencantada
por
la calle feroz del del desencuentro,
hasta
que sea de noche
y tropecemos
y pidamos perdón
y no nos conozcamos.
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La
esperanza
La
esperanza no es más
que
una mordida,
un
tarascón, a veces,
en
la manzana de la nada,
y
los dientes que van resquebrajándose
imperceptiblemente.
Pero
en algunas tardes
nuestra
sed alcanza su corazón sin sangre,
el
silencio azorado
de
su blancura inhóspita
y entonces
es
la nada quien nos muerde,
nos
devora los párpados raídos,
nos
sorbe hasta el cansancio de los tuétanos,
nos
ahueca los días,
en
nuestras propias ruinas
nos
funda el corazón.
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Vientos
Y
cuando el viento arrase
con
todo,
con
las avecillas de los archipiélagos,
con
las cúpulas de cordilleras y catedrales
y
los abrazos de los amantes
sean
polvo inenarrable,
el
olvido no podrá cargarse en sus alforjas
los
besos que no te di,
las
caricias detenidas
a
un instante de tu piel,
las
horas incontables
que
no pasamos juntos.
Hay
algo más que silencio estremecido
entre
tu corazón y el mío:
la
oculta eternidad de lo imposible.
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Hoy
y aquí
Sí,
lo sabemos:
la
muerte es toda nuestra,
Amor,
su
caricia de madre
nos
borrará las horas de ausencia,
los
rincones amargos,
la
duda y sus insomnios.
A cambio
nos
acerca el ahora,
sus
recreos,
los
tres sorbos del café,
cierto
oro reencontrado en tus pupilas,
el
corazón irremediablemente nuestro.
No
nos vence la muerte,
nos convence.
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Rosario
I
Porque
hay días que empiezan
y
terminan descalzos,
porque
la inundación llegó hasta el cielo
y
se exilian los pájaros,
porque
estás lejos
y
no hay manera
de
cerrarle los ojos a la nada.
Esta
respiración desnuda,
tanto abismo,
estas
palabras que apenas hacen sombra.
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Rosariop
II
Y
Rosario discurre
como
un cielo sin ángeles
es
un atardecer de esquinas enconrvadas,
el
Paraná es apenas
agua
inmensa y opaca.
Ignoro
qué
porción de este gris
corresponde
a tu ausencia.
Sólo sé
que
si hay pájaros
cantan
con otro nombre
y
que la muerte ya no es
tan
otra
cosa.