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MARTA ROLDÁN
Su Poesía
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“íntimos de lectura rápida”

Ensombrentada

 

Cuando el grupo de manchas

se condense en la sombra

y la lágrima arribe

a la orilla del mar.

Cuando ya no te vea,

se me olvide la imagen

y la línea de luz

se disfume al azar:

guardaré los colores

en la pieza del fondo

y bastarán las ondas

sensuales de tu voz

para guiar mis pasos.


 

Tortuosa música

 

Dolorosas sinfonías

Resuenan en la memoria.

Misteriosas señales muertas.

Falaces fluidos remueven

Soledades entonadas.

Lamentos sonoros

Silencian recuerdos claros.


Desde la almohada

 

Otra pésima noche.

La muerte recostada

detrás de mi cabeza

girándome la hoja

del libro que leemos.

Otra pésima noche.

No interesa quién duerme

en esta habitación,

en este pueblecito

o debajo del mundo;

no me importa quién muere

aunque sea muy famosa

la muerte persuasiva

del cuerpo que se pudre.

Mi parca compañera

no gira más la hoja

y relee al oscuro

el último terceto.

Esta noche, sonetos,

la próxima, ajedrez.

 


Invasión

¿Quién le permitió a la pobreza
el entrar en mi casa
y sentarse a mi mesa?
¿Quién le permitió
de vaciar la heladera,
la alacena,
la biblioteca?
¿Por qué elige ella
la educación de mis hijas,
el desayuno,
el almuerzo, la merienda
y la cena?
Hace la lista del el supermercado.
Decide qué auto podemos comprar.
Decide mi casa,
decide mi ropa,
mi peso,
mis ganas
y mi temperamento.


Pueblerino

 

Olor a verde recién cortado

todas las casas están de acuerdo con los horarios.

Más transparente que puro

el aire aromatizado.

Lleno de sol y de horas,

lleno de píos

el día primaveral y pueblerino.

Olor a pasto movilizado

por el metal que lo limitó.

Olor a pasto truncado.

Y todo el pueblo se ha perfumado

con verde hierba emparejada,

con verde árbol podado.

El tiempo-aire

se puso verde

y volvió al pasado.


Vigilia

 

Se asegura despierta,

multiplica el ahora

en un hoy infinito.

El futuro implacable

no la alcanzará nunca.

Tampoco habrá un pasado.

El instante presente

será un único tiempo

o mejor

dejará de ser tiempo

para ser permanencia.

Los crepúsculos tiñen

el orbe inmensurable,

se suceden sin pausa

y buscan, agotados,

el alba subsiguiente.

Ella sigue despierta

ignorando la luna

elimina el mañana.


Negación

 

Me cierro.

Me anudo.

Me achicharro.

Entro al útero y no acepto nacer.

Si hallo la salida al laberinto

torno al centro, empecinada,

y lo vuelvo a recorrer.

 

Me niego.

Me escabullo.

Me subrayo.

Olvido lo mejor y lo más dulce.

Levanto un monumento con mi efigie

única y sola representante del dolor.

Nadie se atreve a preguntar “¿por qué la estatua?”

respirando el aire corrompido

de perenne y rancio sufrimiento.


Serás más feliz sin mí

 

Me zambullo en la pelusa envenenada de tu ombligo,

he de morir uno o dos días,

será extraño introducirme

en el recoveco redondo de tu panza.

Voy a tirarme a dormir sobre las piedras

de ese río de ojos verdes

con el único fin de evitarte una noche.

Si te extrañé veinte horas

me arrepiento

ya que no cuestan los dos céntimos de alma

gastados por pensarte.

 


 

  Me redime tu amor

 

Vivir en el invierno más profundo

amparada por tus pectorales

abastecida con tu abrazo fundo.

 

Vivir en el infierno cotidiano

bendecido con la humedad de tu saliva

la redención la obtengo de tu mano.

 

Vagar por el exilio de los muertos

en el límite de la tierra prometida

sin encontrar otro alivio a la tortura

que el de tu mano devolviéndome la vida.


Marta Roldán: Argentina

Nacida en Rosario. Escribe desde los 11 años de edad casi sólo poesías que fueron publicadas en gran cantidad de revistas y antologías tanto virtuales como de papel y difundidas por diversas radioemisoras. Su libro “Amar es verter sudor y sangre” se encuentra en dos Editoriales: Homo Sapiens - Argentina y El Taller del poeta – España. Colabora con revistas (España e Italia) y Asociaciones Culturales (Italia y Argentina).

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