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En este contexto político-
social. En estos tiempos revueltos, en que los medios de
comunicación tergiversan las verdades, enajenan las conciencias
según sus intereses. Como una reacción revolucionaria contra
la cultura burguesa en general y la poesía que produce. La
percepción poética tiene que revindicar las palabras, la poesía.
Liberar los versos como un canto, como un grito, un arma de
lucha presente y futura.
Debemos de tener la capacidad de crear una poesía quizás no
perfectamente elaborada, pero conciente, militante no sujeta a
direcciones partidarias ni al clero eclesiástico. Poesía para
el pueblo, poesía contingente, militante y libertaria, que en
ella estén presentes las voces de los trabajadores de la ciudad
y el campo. Y de los pueblos aborígenes que luchan por sus
derechos y sus tierras.
Una poesía que asuma el desafío de las luchas presentes,
materialice en el verbo las ideas necesarias, que se proyecte al
futuro en la lucha de cada día. Que traiga las voces de los
silenciados. Porque en los murales de los verbos esta la sangre
de los asesinados, la poesía debe cantar con el silencio de
vidas sepultadas, a través de sus versos y sus cantos traer el
testimonio de los que ayer cayeron. Y sus demandas de que la
poseía diga las verdades, no las que dicen los medios de
comunicación de la clase dominante. Sino la verdades de los que
pagan con su sangre y con sus vidas las riquezas acumuladas en
el imperio allá al norte del Río Bravo. Una poesía que se se
nutra del vientre germinal de la tierra , del pueblo de las
gentes y sus luchas , hace suyo sus sueños e ilusiones, toma
partido construye barricadas.
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