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VILMA VARGAS ROBLES
Su Poesía
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Nace en San José, Costa Rica. Pasa su infancia en un cantón rural de esta provincia. 

Premio Centroamericano Juan Ramón Molina en Honduras con su obra El fuego y la siesta, pero en Costa Rica ha publicado varios libros entre los que destacan El ojo de la cerradura con prólogo de Jorge Boccanera y El oro de la vida, introducido por Isaac Felipe Azofeifa. Su último poemario se titula Quizá el mañana (2007) con la EUCR.

El verano no es una consagración

 

El verano no es una consagración

como cuando la infancia nos ayudaba todavía.

Y creo que la misma naturaleza

era menos cruel; nos protegía un Dios

alimentado con la sangre

de quien era capaz de morir

por uno sólo de sus cabellos.

Nuestras armas reposan en el suelo

y la risa, porosa, es de piedra y olvido.

¿Dónde el verso que nos enseñe a hablar?

El paisaje se quema y deliramos.

Ah, corazón, pidamos resistencia.

 

Mediodía

 

Duele el poema.

Hay una paloma abriendo el pecho.

El sol salta como una llama

hasta quedar en el pavimento.

No hay regreso. Prisa es la mañana.

El perro siguió la cadena de su amo.

Hecho polvo un hueso.

Se fue la paloma desnuda

sin ser mirada.

El calor se deshace en un charco de imágenes.

El papel va sudando.

 

Jauría

 

Arrinconada

oyes a través de las hendiduras.

No recuerdas los árboles,

el sitio señalado

donde quedan las llaves.

Los tarros que retenían el olor

de la ruda y la manzanillla,

nuestros rostros

salpicados de olores

dónde están,

no estos rostros

que escuchan también, adosados a la pared,

ávidos,

esperando el momento

de vivir otra vez adentro de nosotros.

 

Sombra hacia mí

 

Ojo de niño oscuro,

estabas triste,

buscabas el regazo materno,

el ruido que el bosque entero recibe,

un llamado que se oyera fuerte:

paraíso desenterrándose

que nos fue ajeno.

Estamos solos.

Te vuelves hacia las paredes de cal,

mientras alguien se ríe de nosotros.

 

Algo ocurre al callar

 

Algo ocurre al callar.

Mi espalda pesa como un enemigo,

no vacila con sus armas.

El dolor tiene su propio ruido.

Crujen las ramas en la claridad del viento.

Vi que no veían

(un muchacho no puede ocultarse,

estabas ahí,

eras un ciprés).

Dime:

¿Qué vas a darme?

 

Transparencia

 

¿Dónde estás?

Tras los árboles

un cielo parecido al del comienzo.

Oculta lloro

pero el viento aúlla.

¿Dónde estás?

Arribar es difícil

y tengo que contarte

la última noticia:

duermes,

ahora duermes

y me veo partir.

 

Exilio

Recuerda el sol quebrado y desierto
su marcha por los techos de herrumbre
recuerda tu grito tu intento de gritar
esta tierra y sus casas deshabitadas
esta tierra sin recompensa
recuerda el corazón en las calles
cuando no había nadie:
cómo saltaba,
recuerda las calles de alambre,
no te culpes no olvides
que los que aquí se quedan
se quedan y recuerdan.


El pan nuestro

 

La gente se amotina de una ventana a otra.

El último sol cae en la calle como un perro.

La ciudad arde,

se arrastra encendida hasta la noche.

¿Cómo vas a ganarte la vida?

Llaga la calle con tu alma que va rodando,

pero muéstrale los dientes al plumaje del mundo.

 

Días de 1979

 

El sol se abrió como una mueca en la almohada,

despertó a los amantes

que se besaban sin reconocerse.

El mundo chirrió

como una horca

en el momento en que esperabas

cantar sin sobresaltos.

Que no te miren de reojo los muertos,

mantén furme el instinto del abrazo,

defiende tu salud,

cuida los nombres

y hasta el vacío

como un homenaje.

 

Autobús

 

El mundo también parece roto

a través de un vidrio estriado,

las casas ocultan la claridad,

pero entre un trecho y otro

los rostros se hablan:

no puedo negar tus ojos sobre mí.

La pared que el viento trizó de diamante,

la nube,

la luz en mi contra,

el rayo que me agota,

cómo negar el viento que mueve una nube,

cómo negar que detrás de un muro me llamas.


El instante desciende

 

Tu rostro está oculto.

Ya no me atrevo como en otras mañanas.

El rayo de los pájaros que cae alumbra el paisaje.

Todos estamos solos con la música que se entrega.

Juegan las manos torpes contra el viento,

nada las detiene.

Duro el viento con el que juego,

dura la música que se entrega.

Cada uno vive porque escucha,

oye que está solo.

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